A quien le importan los muebles
destruidos por las bombas.
Los oídos machacados de un tambor.
Las manos heridas del verdugo.
El último suspiro del último vagón.
Las sirenas convertidas en señal.
El príncipe de la erección precoz.
Los abucheos de nieve en la montaña.
La sonrisa eterna de Moloch.
Los engañosos impulsos de una nariz
drogata.
El caracoleo inexistene de un pisado
caracol.
La mañana más violeta del año.
Los risueños pulmones de un risueño
fumador.
La eterna huelga de los difuntos.
La araña que trepa por los timbres de
tu voz.
Los tiernos gestos de un maniquí.
Los cuchillos afilados por el tic-tac
del reloj.
Los armarios empotrados en tu frente.
La piedra nacida hembra por error.
La privilegiada madera de esa cruz,
los clavos rojos del dolor.
y
el labrador que se zampó al invidente.
Las rosas divorciadas del amor.
Las espinas rotas asidas
por un corazón
demente.
Julián Verde
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